La grima como arte marcial pos- Colonial La grima, esgrima colombiana o esgrima del machete es un deporte y arte marcial practicado en Colombia. Su técnica de combate tiene que ver muy poco con la occidental deportiva, donde el movimiento suele ser rectilíneo. Se trata de una esgrima saltada de arriba y abajo en la que cabe la defensa tanto con el arma como sin ella.[
La Grima fue desarrollada durante la época colonial, en el siglo XVIII, por afrocolombianos descendientes de esclavos.[] Es originaria del municipio de Puerto Tejada, en el departamento del Cauca, y se expandió por las zonas de Palmira, Santander de Quilichao, Mazamorrero, Patía, el litoral pacífico hasta expandirse al departamento del Huila. Las técnicas de la grima fueron aplicadas en los combates de la guerra de independencia del país. Actualmente se práctica y enseña para promover culturalmente las artes y técnicas de combate; y como deporte tradicional. La escuela principal de este deporte se encuentra en su lugar de origen, Puerto Tejada. El Grima además fue instaurado como deporte oficial en las colonias por los españoles.
La Grima: Danza de Machete y Arte Marcial Tradicional Colombiano
Orígenes e Historia
La Grima tiene sus raíces en el municipio de Puerto Tejada, en el departamento del Cauca, una región con una fuerte presencia de comunidades negras. Se dice que surgió como una respuesta de los esclavos africanos a las duras condiciones de vida impuestas por los colonizadores españoles. Estos esclavos, que trabajaban en minas y haciendas, adaptaron sus conocimientos ancestrales de combate, posiblemente traídos desde África Occidental, y los fusionaron con técnicas observadas de la esgrima europea que practicaban los españoles. Con el tiempo, el machete, una herramienta cotidiana de trabajo en el campo, se convirtió en el arma principal de esta práctica.
Hay varias teorías sobre su origen, que reflejan la diversidad de influencias que la moldearon:
Origen africano puro: Algunos sostienen que la Grima llegó directamente de África con los esclavos, quienes ya tenían tradiciones de combate con armas blancas como machetes o cuchillos en sus culturas de origen, especialmente del Golfo de Guinea o el centro del continente.
Influencia europea directa: Otros creen que fue introducida por expertos en esgrima europeos que visitaron Colombia durante la colonia, y que los afrocolombianos la adaptaron al machete.
Síntesis afrocolombiana: Una tercera teoría sugiere que los esclavos observaron la esgrima española y, a partir de ahí, desarrollaron su propio estilo, incorporando movimientos y ritmos africanos, como los "desgonses" (giros y saltos característicos).
Contexto de las guerras de independencia: Finalmente, hay quienes vinculan su desarrollo a las guerras de independencia de Colombia (siglo XIX), cuando soldados extranjeros habrían enseñado técnicas de combate a las tropas locales, incluyendo a los macheteros afrocolombianos que se unieron a la lucha.
Evolución de la grima
La Grima evolucionó en un contexto de resistencia. Durante la esclavitud, los esclavos la practicaban en secreto, a menudo disfrazándola como una danza para evitar represalias. Más tarde, en las guerras de independencia y en conflictos como la Guerra de los Mil Días, los macheteros afrocolombianos fueron reconocidos por su habilidad con el machete, convirtiéndose en una fuerza temida en el campo de batalla.
Características Técnicas
La Grima se distingue de la esgrima occidental tradicional, que suele ser lineal y estructurada, por su estilo dinámico y saltado. Los movimientos son fluidos, de arriba abajo, y combinan ataques y defensas tanto con el machete como sin él. Este arte marcial se practica en diferentes "juegos" o estilos, que varían según la región y el maestro. Algunos de los más conocidos son:
Español Reformado: Se juega a larga distancia, con posturas erguidas y pasos lineales.
Palo Negro: Practicado a corta distancia, con caminatas circulares y énfasis en la cercanía al oponente.
Relancino: Similar al Palo Negro, pero con combinaciones de ataques engañosos, posiciones bajas y bloqueos con ambas manos.
Sombra Caucana: Un estilo propio del Cauca, con movimientos que imitan sombras y engaños.
Otros juegos incluyen Cubano, Venezolano, Costeño, entre muchos más, cada uno con su propia coreografía, táctica y postura corporal.
El machete es el arma principal, pero también se usan palos, lanzas y cuchillos en algunos contextos. La práctica requiere agilidad, coordinación y un profundo sentido del ritmo, lo que la asemeja a una danza. De hecho, en muchas exhibiciones, se acompaña de música tradicional como el torbellino, un ritmo afrocolombiano en compás de 6/8.
Aspecto Cultural y Danza
La Grima trasciende el combate para convertirse en una expresión cultural. En el Cauca profundo, por ejemplo, se presenta como una danza que combina música y movimientos marciales, simbolizando la identidad de las comunidades negras. Esta dualidad entre arte marcial y danza tiene raíces históricas: durante la esclavitud, los esclavos la disfrazaban como un baile para practicarla sin levantar sospechas. Hoy en día, se enseña y se exhibe para preservar la cultura afrocolombiana, fomentando el orgullo y la memoria histórica.
En lugares como Mazamorrero (cerca de Santander de Quilichao) o Puerto Tejada, la Grima sigue viva gracias a maestros como Ananías Caniquí, quien enfatiza que es un arte de defensa, no de agresión. En estas comunidades, hombres, mujeres y niños la aprenden: las mujeres para resistir el machismo, los hombres para enfrentar peligros del campo, y los niños como juego y entretenimiento.
Situación Actual
Aunque la Grima es un tesoro cultural, enfrenta desafíos para su supervivencia. La modernización, la urbanización y el desplazamiento forzado de las comunidades afrocolombianas han interrumpido su transmisión generacional. En la Colombia urbana, a menudo se la asocia erróneamente con violencia de taberna, lo que ha generado estigma. Sin embargo, hay esfuerzos por revitalizarla. Se practica y enseña en el Cauca, el Valle del Cauca, el litoral Pacífico y hasta el Huila, y algunos maestros la promueven como deporte tradicional y espectáculo cultural. En el Quindío, por ejemplo, la Fundación Cultural del Quindío (Fundanza) ha adaptado la Grima en una coreografía conocida como "danza de los macheteros", presentada desde 1984 con ritmos como el merengue guasca.
La Grima no tiene academias formales a nivel mundial, ya que su enseñanza sigue el modelo tradicional de maestro a discípulo. Esto la hace única, pero también vulnerable a desaparecer si las nuevas generaciones no la adoptan.
Otras Artes Marciales Nacidas en Colombia
Ahora, respecto a si existen otras artes marciales nacidas en Colombia, tanto antiguas como modernas, la Grima es, hasta donde se sabe, el único arte marcial autóctono con una historia documentada y una tradición consolidada. No hay evidencia clara de otros sistemas de combate originados en el país.
Posibles Influencias Antiguas
Prácticas indígenas: Antes de la llegada de los españoles, las culturas indígenas de Colombia, como los muiscas, quimbayas o tayronas, tenían métodos de combate propios, especialmente con armas como macanas, arcos y lanzas. Sin embargo, estos no se desarrollaron como artes marciales estructuradas con técnicas transmitidas sistemáticamente, sino como habilidades guerreras para la guerra o la caza. La colonización interrumpió su evolución, y no hay registros de que hayan sobrevivido como disciplinas independientes.
Esgrima colonial: Durante la colonia, los criollos y mestizos practicaban esgrima española con sables, pero esto no era un arte marcial autóctono, sino una importación europea. La Grima, en cambio, tomó elementos de esta esgrima y los transformó en algo propio.
Artes Marciales Modernas
En la Colombia contemporánea, no se han documentado artes marciales modernas creadas desde cero en el país. Sin embargo, hay adaptaciones y fusiones:
Esgrima criolla: A veces se menciona como un término más amplio que incluye la Grima, pero no parece ser un sistema distinto, sino una referencia a la misma práctica con machete y bordón, enriquecida con elementos culturales locales.
Influencias extranjeras adaptadas: Colombia ha adoptado artes marciales asiáticas como el karate, taekwondo y kung fu, y en algunos casos se han creado escuelas locales con enfoques únicos. Por ejemplo, la Academia Huang Long en Bogotá lleva más de 25 años enseñando kung fu con un enfoque adaptado a la realidad colombiana, pero esto no constituye un arte marcial nuevo, sino una interpretación local.
Sistemas de combate militar: En el ámbito militar, el ejército colombiano ha desarrollado entrenamientos de combate cuerpo a cuerpo y con armas blancas, influenciados por sistemas como el krav magá o el sambo, pero estos no son artes marciales autóctonas ni tienen una identidad cultural propia más allá de su función práctica.
La Grima destaca como el único arte marcial tradicional colombiano con una identidad clara, nacida de la mezcla de influencias africanas, europeas y locales en un contexto de lucha y resistencia. No hay evidencia de otras artes marciales antiguas o modernas originadas en Colombia, lo que hace de la Grima un caso excepcional. Su riqueza radica en su historia, su técnica y su valor cultural, aunque su futuro depende de los esfuerzos por preservarla frente a la globalización y el olvido.
La raíz de la danza de machetes y de la Grima.
Ahora no obstante a la información encontrada en internet, la historia contada en Colombia demuestras otras cosas más sobre sus origenes,
Antes de la llegada de los españoles en 1499, la geografía de lo que hoy es Colombia era, efectivamente, mucho más dominada por bosques tropicales, selvas y vegetación densa. Aunque había zonas de páramo y sabana (como en la altiplanicie cundiboyacense), gran parte del territorio estaba cubierto por selvas húmedas, especialmente en regiones como el Pacífico, el Magdalena Medio, los Llanos Orientales y, por supuesto, la Amazonía. Incluso áreas que hoy son agrícolas o urbanas, como partes del Valle del Cauca o el Cauca, tenían una cobertura vegetal mucho más espesa en esa época. La deforestación masiva vino después, con la colonización y la expansión de la agricultura.
En este contexto selvático, las comunidades indígenas que habitaban el territorio —como los muiscas, quimbayas, tayronas, zenúes, emberás, entre muchas otras— dependían de herramientas cortantes para sobrevivir. Estas herramientas, hechas de piedra (como la obsidiana en algunas regiones volcánicas, aunque menos común), madera endurecida, bambú afilado o hueso, eran esenciales para:
Abrirse paso a través de la vegetación densa.
Cazar animales en un entorno donde la visibilidad era limitada.
Construir refugios y despejar áreas para asentamientos.
Defenderse de depredadores o de conflictos intertribales.
El uso de estas herramientas no era solo práctico, sino que probablemente también se extendía al combate. En una selva, donde el espacio es reducido y los enfrentamientos son cercanos, una herramienta afilada y manejable sería ideal tanto para trabajar como para pelear. Esto establece un precedente: mucho antes de la llegada del machete de metal, las comunidades precolombinas ya tenían una relación íntima con objetos cortantes que podían servir como armas.
Con la conquista, los españoles introdujeron el metal, y el machete —una evolución de las espadas cortas y las herramientas agrícolas europeas— se convirtió en un elemento clave en la vida colonial. Pero, como tú señalas, la idea de usar algo "parecido al machete" ya existía en la Colombia selvática precolombina. Por ejemplo:
Los indígenas могли haber usado hachas de piedra o palos afilados en combates cuerpo a cuerpo, adaptados a la necesidad de moverse rápido entre la vegetación.
En regiones como el Chocó o el Pacífico, donde la selva era impenetrable, las comunidades desarrollaron habilidades para maniobrar herramientas cortantes con destreza, algo que pudo haber influido en las técnicas de combate posteriores.
Cuando el machete de metal llegó, reemplazó estas herramientas primitivas, pero heredó su función y su simbolismo. En un país aún mayormente selvático durante los primeros siglos de la colonia, el machete se volvió indispensable para los indígenas, los africanos esclavizados y los mestizos que trabajaban la tierra o se adentraban en la espesura. Y, como en la selva la supervivencia y el conflicto iban de la mano, el machete pasó naturalmente de ser una herramienta a un arma.
Aunque este arte marcial, como lo conocemos hoy, se formalizó en el Cauca con las comunidades afrocolombianas en el período colonial, podría ser una evolución de prácticas de combate más antiguas, nacidas en un contexto selvático más amplio. Vamos a reconstruir esta posibilidad:
Raíz precolombina: En la Colombia selvática de la antigüedad, las comunidades usaban herramientas cortantes para abrirse paso y pelear. Estas habilidades no eran un "arte marcial" estructurado, sino un conjunto de técnicas prácticas adaptadas al entorno.
Llegada del machete: Con la colonización, el machete de metal amplificó estas habilidades. Los indígenas y, más tarde, los africanos esclavizados lo adoptaron, llevándolo a nuevos niveles de uso combativo.
Contexto afrocolombiano: En el Cauca, los afrodescendientes, que trabajaban en haciendas y minas rodeadas de vegetación densa, refinaron estas técnicas. La influencia africana (con sus propias tradiciones de combate) y la esgrima española (observada de los colonizadores) se mezclaron con esa base práctica preexistente, dando lugar a la Grima.
Entonces, la Grima no sería un invento exclusivo de los africanos y españoles, sino una síntesis que incorpora una tradición más profunda de combate con herramientas cortantes, nacida en la geografía selvática precolombina. El machete, como lo conocemos, es solo la forma moderna de un concepto que ya existía.
Sin embargo, la lógica apoya la idea: en un país cubierto de selva, el uso combativo de herramientas afiladas debió ser común mucho antes de la conquista. La Grima, entonces, podría ser la manifestación más visible y estructurada de esa tradición, adaptada al contexto colonial y enriquecida por las influencias afro-europeas.
Técnicas con Cortopunzantes en la Colombia Precolombina
Antes de la llegada de los españoles, las comunidades indígenas que habitaban lo que hoy es Colombia vivían en un entorno donde las herramientas cortantes y punzantes eran fundamentales. Dado que gran parte del territorio era selvático o boscoso —como ya mencionamos, con selvas tropicales, bosques húmedos y vegetación densa en regiones como el Pacífico, el Magdalena, los Llanos y más allá—, estas herramientas eran esenciales para la supervivencia. Entre ellas estaban:
Hachas y macanas de piedra: Usadas para cortar madera, despejar caminos o cazar.
Puntas de lanza y flechas: Hechas de piedra tallada, hueso o madera afilada, empleadas tanto en la caza como en la guerra.
Cuchillos rudimentarios: Fabricados con materiales como obsidiana (en áreas volcánicas), sílex o bambú, útiles para tareas cotidianas y defensa.
Estas herramientas no solo servían para trabajar, sino que también se usaban en conflictos intertribales, que eran comunes en la América precolombina. Por ejemplo:
Los muiscas, en la altiplanicie cundiboyacense, usaban macanas y lanzas en sus enfrentamientos.
Los pueblos del Pacífico, como los emberás, empleaban lanzas y palos afilados en un entorno selvático.
En la Sierra Nevada, los tayronas tenían armas cortantes para defender sus territorios montañosos y boscosos.
Aunque no hay evidencia de que estas técnicas estuvieran organizadas en un "arte marcial" formal con reglas o escuelas (como el kendo japonés o la esgrima europea), sí eran habilidades prácticas y extendidas. En un entorno selvático, donde los combates eran cercanos y rápidos, el manejo de cortopunzantes debía ser instintivo y efectivo. Esto implica que, en la tradición precolombina del territorio colombiano, la destreza con estas herramientas era típica, adaptada a las necesidades de caza, defensa y supervivencia en la geografía local.
La Llegada de la Colonia y la Fusión de Técnicas
Con la conquista española a partir de 1499, llegaron nuevas influencias que transformaron estas prácticas autóctonas. Los colonizadores trajeron:
Armas de metal: Espadas, dagas y, más tarde, machetes, que eran superiores en durabilidad y filo a las herramientas indígenas.
Técnicas de esgrima europea: Los españoles practicaban un estilo de combate lineal y estructurado, basado en el uso de la espada y el sable, que reflejaba la tradición militar de la época.
Contexto de esclavitud: Los africanos esclavizados, traídos desde el siglo XVI, aportaron sus propias tradiciones de combate, que incluían el uso de armas blancas (como machetes o cuchillos) y movimientos rítmicos derivados de sus culturas de origen, especialmente de África Occidental.
En este punto, las técnicas precolombinas con cortopunzantes no desaparecieron, sino que se combinaron con las extranjeras en un proceso de sincretismo. Aquí está cómo pudo haber sucedido:
Adopción del machete: El machete, introducido por los europeos como herramienta agrícola, fue rápidamente adoptado por indígenas y africanos. Su similitud con las herramientas cortantes precolombinas facilitó esta transición, pero ahora con un material más resistente.
Fusión de estilos:
Los indígenas aportaron su experiencia en combates cercanos y maniobras en terrenos difíciles, como selvas o montañas.
Los africanos añadieron movimientos dinámicos, giros y un sentido rítmico, influenciados por sus danzas y prácticas de lucha.
Los españoles contribuyeron con posturas y tácticas de esgrima, como bloqueos y estocadas, que se adaptaron al machete.
Contexto de resistencia: Tanto indígenas como africanos usaron estas habilidades combinadas para defenderse de los colonizadores, ya fuera en rebeliones de esclavos, cimarronajes o enfrentamientos en la selva.
Nota Final:En la Colombia precolombina, la técnica con cortopunzantes era típica debido a las condiciones geográficas y las necesidades de las comunidades indígenas. Con la llegada de la colonia, estas técnicas no se perdieron, sino que se combinaron con las extranjeras (europeas y africanas), dando lugar a prácticas nuevas y adaptadas, como la Grima. Este proceso de mezcla es característico de la historia cultural de Colombia, un país donde las tradiciones locales se han entrelazado con las foráneas para crear algo único.