Como se creo el tequendama según los Chibchas
Chibchacum se ofendió porque su pueblo aceptó malos consejos de Huitaca, porque el pueblo le negó sus ofrendas; se indignó contra los bacates, porque ya casi todos murmuraban de él y le ofendían en secreto y públicamente. Lleno de una extensa ira crío aguas y trajo de otras partes los ríos Sopó y Tibitó, que creciendo rápidamente anegaron la sabana hasta inundarla totalmente. Las sementeras y labranzas se echaron a perder; la gente, que por entonces era numerosa, empezó a padecer las calamidades del hambre. Reunidos sacerdotes y caciques, se decidió dar noticia del terrible suceso al dios Bochica, para clamar sus bondades y favores. Pasaron muchos días con sus noches llenos de clamores, sacrificios y ofrendas, hasta que por fin, una tarde, mientras reverberaba el sol en el aire, se hizo presente el arco iris en medio de un ruido ensordecedor, que a todos hizo estremecer. Sobre la hermosa policromía del arco se erguía majestuosa la figura del Dios Bochica, con una vara de oro en su mano. Había escuchado las súplicas, se había condolido de los bacates. Arrojó entonces la vara de oro, que traía en su mano, hacía el Tequendama; las peñas rocosas se abrieron, como cortadas por afilada espada, las aguas se precipitaron dando origen al salto, hoy llamado Tequendama.
La sabana quedó desinundada. Bochica tuvo a bien no secar los ríos Sopó y Tibitó, pues sabía que nos serían de gran utilidad, para regar los cultivos en épocas de aguas escasas, luego castigó a Chibchacum, condenándolo a cargar la tierra sobre los hombros, que hasta ese día era cargada por cuatro inmesos guayacanes. Esa es la causa de que, a veces, la tierra tiemble.
Los Amantes de Tequendama
En la época colonial, en la región de Tequendama, vivían dos jóvenes de mundos muy diferentes. El joven, un noble español, era un valiente y apuesto guerrero, mientras que la joven, una hermosa indígena muisca, era conocida por su dulzura y gracia. A pesar de las diferencias sociales y la desaprobación de sus familias, los jóvenes se enamoraron locamente.
Se conocieron en secreto en las orillas de la majestuosa Cascada del Tequendama, un lugar mágico donde el agua caía con fuerza, creando un ambiente romántico y lleno de promesas. En cada encuentro, hablaban de sus sueños y planes de un futuro juntos, lejos de las miradas desaprobatorias de sus familias.
Sin embargo, su amor era considerado prohibido. El padre de la joven, un cacique orgulloso, nunca aceptaría que su hija se uniera a un español. Un día, al descubrir su relación, el cacique, enfurecido, tomó la decisión de separar a los amantes. La joven fue llevada lejos, a un pueblo remoto, donde no podría volver a ver a su amado.
El joven, desesperado y decidido a no rendirse, emprendió un viaje para encontrarla. Buscó por todas partes, preguntando a quienes conocía, pero sus esfuerzos fueron en vano. A medida que pasaban los días, la tristeza lo consumía. Se sentía perdido sin ella.
Finalmente, después de muchas penurias, logró dar con el paradero de la joven. Sin embargo, al llegar a su nuevo hogar, descubrió que su padre la había prometido en matrimonio a un guerrero de su propia tribu, un hombre fuerte y poderoso. Desesperado, el joven se enfrentó al cacique, pero su amor fue en vano. La joven estaba atrapada entre el deber y el deseo.
Ambos, sintiéndose impotentes ante la situación, decidieron que la única manera de estar juntos sería en la muerte. Se encontraron una vez más en su lugar sagrado, la Cascada del Tequendama, donde habían compartido tantas promesas y sueños. Allí, en medio de la belleza de la naturaleza, hicieron un pacto: si no podían vivir juntos, lo harían en el más allá.
Con el corazón lleno de dolor y determinación, ambos se lanzaron al abismo de la cascada, el agua atrayéndolos hacia su destino final. El eco de sus cuerpos cayendo resonó en el valle, como si la tierra misma llorara su trágico amor.
Se dice que sus espíritus aún vagan por el Tequendama, buscando reencontrarse en cada atardecer. Los que visitan la cascada cuentan que pueden sentir la presencia de los amantes, un amor eterno que trasciende la muerte. Sus leyendas han perdurado a través del tiempo, simbolizando la pasión, la lucha y el sacrificio.
Estás son dos de las versiones contadas.